CLEMENTINA:

MUJER Y POETA

por Antología hondureña (Autor)

tapa blanda y tapa dura – 22 de julio 2024

 

CLEMENTINA SUÁREZ POR RIGOBERTO PAREDES

COLECCIÓN ERANDIQUE ha publicado el libro Clementina: mujer y poeta, una antología de artículos de escritores de toda Centroamérica, México, España, Chile, Cuba y Argentina, sobre la autora de Combate, Lamentos en el espacio, Poema en gris, Amor salvaje, entre muchos otros.

Aparecen artículos de los hondureños Ramón Oquelí, María Guadalupe Carías, Roberto Sosa, Rigoberto Paredes, Alfonso Guillén Zelaya, Marcos Carías Reyes, Melissa Merlo, José Antonio Funes, Hostilio Lobo, Rubén Villeda Bermúdez, Samaí Torres, Helen Umaña, Magda Argetina Erazo, Pompeyo del Valle, Óscar Estrada, Segisfredo Infante, Francisco Salvador, Rafael Paz Pardes, Guillermo Bustillo Reyna, Filadelfo Suazo y Leticia de Oyuela.

También de los guatemaltecos Otto René Castillo y Miguel Ángel Asturias.

El recordado poeta Rigoberto Paredes escribió una bella semblanza que compartimos a continuación:

“Debía tener una invitación de su puño y letra y, ante todo, había que ser amigo suyo; pero yo sólo contaba con mi vieja y santa gana de conocerla. Así llegué a su casa, al amparo de Luis H. Padilla, su hijo del alma.

Clementina celebraba esa noche su cumpleaños equis con un fiestón entre dionisíaco y pantagruélico, y allí se hallaba reunida la crema y nata de la vía láctea tegucigalpense: todas sus amistades y uno que otro intruso que, como yo, corría el riesgo de una expulsión bochornosa.

La vi al nomás entrar, y cuantas veces pude rehuí su mirada vivaracha y rotunda. Se movía como una deidad entre abrazos fraternos y rostros ambiguos, entre voces y risas pringadas de ron y vino de coyol.

Admiré desde entonces esa elegancia silvestre con que solía sortear la tontería ambiente y me sedujo para siempre su habla arrebatada y firme, áspera y jovial, según venía al caso. 

Llegado el momento más esperado y, a la vez, temido por mí, le extendí mi mano franca mientras le balbuceaba una especie de saludo.

Recién había expulsado a unos cuantos intrusos en su mejor estilo olanchano y ya esperaba yo igual suerte; pero no; la bella Clemen me entregó sus dos manos en son de amistad. Me quedé, pues en su fiesta y ella se quedó para siempre en mi corazón.

Como todo el mundo, Clementina profesaba sus filias y sus fobias. Quería a sus amigos con pasión materna y los prodigaba de finuras y alabanzas de frente o a sus espaldas. Despiadada y procaz era, en cambio, con el adversario o el malnacido. Fue, sin duda, una dama correcta y educada, propensa a los antojos mundanos y exquisitos; pero al menor asomo en derredor de infamia o deslealtad afloraba en su pecho la armadura indócil y rebelde de su estirpe.

Su anecdotario al respecto es único, irrepetible, por más que las comadres pretendan remedar su vida y obra.

Frecuentemente acudo a su poesía rutilante, sediciosa y sensual, en sus versos me adentro sin reservas como en una fiesta a la que Clemen me invita de su puño y letra. Y vuelvo a conocerla”.

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